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El hecho de que la salvación sea segura para el que realmente la tiene de ningún modo debe llevar al creyente al descuido y la pereza, porque el pecado todavía mora en nosotros; y no como una bomba desactivada o un volcán extinguido. Como hemos dicho muchas veces, el pecado ha dejado de ser nuestro rey, pero sigue siendo nuestro enemigo, y su meta es llevarnos a lo peor; esa es la lección del apóstol Pablo en Romanos 6, así como en 7:14-25, por sólo citar algunos.

Octavio Winslow dice al respecto que en todos nosotros hay una tendencia “secreta, perpetua y alarmante de alejarnos de Dios”. Y si esa tendencia no es vigilada y mantenida a raya, puede apartarnos sutilmente de nuestra comunión íntima con Él y causar serios daños a nuestra vida espiritual. “Tal desvío – sigue diciendo Winslow – devora al alma de su vigor, de su fuerza, de su energía espiritual; e incapacita al creyente, por un lado, para servir, amar, obedecer y deleitarse en Dios; y por otro lado, para resistir las tentaciones de la carne, el mundo y Satanás”.

Noten que aquí no estamos hablando de un pecado en particular. Nos referimos, más bien, a un estado de deterioro en el que las gracias que Cristo ha implantado en nosotros, tales como la fe, el amor, el gozo, la esperanza, la mansedumbre, se encuentran en franco decaimiento; es un estado en el que nuestra comunión con Dios ha descendido a su mínima expresión.

Y lo terrible de esta condición es que comienza de una manera sutil, secreta, imperceptible para las personas que nos rodean, y a veces hasta para nosotros mismos. En lo que respecta a la conducta externa, éste creyente no se distingue de los demás hermanos de la Iglesia. Pero su alma se encuentra en un franco y abierto deterioro espiritual. No hay vigor en su fe, no hay incremento en su amor, no experimenta el gozo de saberse perdonado y de pertenecer a Cristo, ni el gozo de la obediencia; no vive amparado en la esperanza, no manifiesta humildad y mansedumbre; y su comunión con Dios es rígida, externa, ritualista.

Y nos preguntamos, ¿cómo es posible que un verdadero creyente caiga en un estado espiritual tan penoso? Antes de responder esta pregunta, permítanme corregir un concepto equivocado que muchos tienen al evaluar el estado de su vida espiritual. Algunos creyentes se dan cuenta que algo no anda bien en su vida cristiana, que su piedad y su relación con Dios han decaído, lo mismo que su servicio en el reino. Pero al querer encontrar la causa de su deterioro caen en lo que podemos llamar el síndrome adámico. ¿Qué hizo Adán cuando Dios lo confrontó con su pecado? Le echó la culpa a su mujer. Y ¿qué hizo la mujer? Echarle la culpa a Satanás. Todos son culpables de mi desgracia, menos yo.

Sin embargo, según la evaluación divina en Génesis 3, cada uno fue responsable de su pecado y cada uno recibió la consecuencia de sus actos. Querido hermano, querida hermana, ninguna causa externa a ti puede ser responsable de tu decadencia espiritual. Ese mal comenzó en tu corazón y se desarrolló en tu corazón (comp. Mt. 15:17-20).

Si quieres encontrar a quien echarle la culpa de tu condición seguramente lo vas a encontrar, pero no vas a solucionar tu problema. Puede que al principio te haga sentir mejor contigo mismo, pero la fuente de tu decadencia seguirá produciendo productos tóxicos que no te permitirán salir del estado en que estás.

Y, por supuesto, cuando achacamos la culpa de nuestro mal a una causa equivocada, inevitablemente vamos a llegar a una solución equivocada. Es por eso que muchas personas cifran la esperanza de su mejoría en un cambio de circunstancia: “Un cambio de aire me vendrá bien; tal vez si cambio de amistades, o de iglesia, o de trabajo, incluso de país, puede que mi situación mejore”.

Pero si entendemos que el mal radica en nuestro propio corazón, entonces podremos aplicar la medicina apropiada en el lugar apropiado. ¿Cuál es, entonces, la verdadera causa de la decadencia espiritual? Hablaré un poco acerca de esto en la próxima entrada, si el Señor lo permite.


© Por Sugel Michelén. Todo pensamiento cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.

Ofrendas

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Febrero 21, 2016

Estimado hermano en Cristo, Radio Fiel y Verdadero es un ministerio radial por internet sin fines de lucro. El propósito de este ministerio es llevar el mensaje de salvación a toda criatura y ser canal de bendición para el pueblo de Dios.

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Nuestra Tarea Misionera

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Febrero 20, 2016

Hechos 13.1-4 Pablo y Bernabé fijaron el patrón para el trabajo misionero de la iglesia cuando obedecieron el llamado de Dios de lanzarse a la tarea. El cuerpo local de creyentes —los que se quedaron para predicar de Cristo a sus vecinos y amigos— equiparon a estos hombres para su viaje. Lo hicieron por las mismas razones que se aplican hoy día:

La condición espiritual de la humanidad. Romanos 1.21-32 describe a este mundo pecador. El pecado sin freno conduce a las personas a una pendiente resbaladiza que los lleva a tener una conciencia depravada y, al final, una mente incapaz de discernir lo correcto.

La provisión espiritual de Dios. El Padre celestial respondió a la condición de la humanidad con su gracia al enviar a su único Hijo para salvarnos. Cristo llevó en la cruz el pecado de todos nosotros: los vivos, los que ya no viven y los que nacerán.

La oferta de salvación es para todos; la gracia de Dios no tiene en cuenta raza, religión y color (Ro 10.12). Quienes creen en Cristo han sido perdonados de su pecado, y pasarán la eternidad con Él.

La comisión dada por Jesucristo. Hechos 1.8 dice que recibimos el Espíritu Santo para que podamos dar testimonio eficaz a quienes necesitan salvación. Notemos que no debemos ir solo al lugar donde vivimos y trabajamos, sino a todo el mundo, donde hay personas esperando escuchar las buenas nuevas.

El propósito de la iglesia es adorar y testificar. Algunos irán, y otros enviarán, pero todos estamos llamados a la tarea de difundir el evangelio. No se trata de una sugerencia; es una orden (Mt 28.19). Los creyentes debemos involucrarnos en la tarea misionera.

Imaginemos Su Regreso

in Blog
Febrero 20, 2016

Hechos 1.9-11 Las películas pueden ser tan fascinantes que somos fácilmente “transportados”, hasta que los créditos al final de ellas nos traen de nuevo a la vida real. Pero más maravilloso que cualquier película será lo que los cristianos experimentaremos cuando el Señor Jesús regrese. Lo que escucharemos: El Señor Jesús “con voz de mando descenderá del cielo” (1 Ts 4.16). Quizás dirá algo parecido a las palabras que pronunció cuando resucitó a Lázaro: “¡Ven fuera!” (Jn 11.43). También se escuchará la voz del arcángel Miguel —el líder de las huestes celestiales— y el sonido de una trompeta celestial, llamando a los santos a congregarse. Lo que veremos: El Señor descenderá del cielo para ser recibido en el aire por los creyentes muertos que resucitarán, y luego, poco después, por los cristianos que estén vivos (Hch 1.11). Lo que sentiremos: Aunque es imposible saber exactamente cómo será la experiencia, podemos estar seguros de que será grandiosa. Físicamente, seremos transformados: a diferencia de nuestro cuerpo actual, nuestra nueva condición no será susceptible al dolor, pecado, enfermedad o muerte. En un instante, estaremos ante la presencia de nuestro Padre celestial para permanecer con Él por toda la eternidad. No es difícil desanimarse por el materialismo, egoísmo y desmoralización de este mundo. Pero podemos tomar ánimo recordándonos unos a otros —y a nosotros mismos— el regreso del Señor (1 Ts 4.18). Por tanto, cuando las dificultades le agobien, piense en este maravilloso acontecimiento que habrá en su futuro. ¡Lo mejor está por llegar!

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