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¿Existen peligros en las Mega-Iglesias? Featured

By Publicado Septiembre 28, 2017

En los Estados Unidos de América el «efecto del Walmart»[1] o las grandes empresas multinacionales, se conoce en los pueblos pequeños. ¡En América Latina ya lo conocemos tambien! “Donde llega Walmart (las grandes transnacionales), quiebran los negocios pequeños.” Igualmente ha sucedido con las iglesias pequeñas que han sido absorbidas, como negocios familiares forzados a cerrar. Las megaiglesias ofrecen mejores productos: amplio estacionamiento, buena música, excelente sonido, mayor variedad de ministerios, y personalidades con mensajes de fácil aplicación, mientras que las viejas denominaciones no solo luchan por sobrevivir, sino también por convencer a sus adeptos de mantenerse fieles a su “doctrina tribal”, pero su estructura heredada ya no responde a los retos del mundo como lo hacía algunas décadas atrás.

¡No debe prevalecer el pánico! Uno de los modelos mundiales de megaiglesias está hoy en decadencia y buscando reinventarse. Bill Hybels, pastor de la famosa iglesia norteamericana de Willow Creek, llegó a admitir en una importante conferencia que «hemos gastado millones de dólares pensando si ayudarían realmente a nuestra gente». ¡La cosa no funcionó!

¿Cuáles son los errores incurridos en las Mega-Iglesias en Latinoamérica?

Pero hay más errores que han sucedido en las megaiglesias de América Latina, y las quiero numerar. Permítanme, pues, mencionar algunas de las principales razones de la decadencia del modelo de megaiglesia, para que las nuestras pongan sus barbas en remojo.

  1. Primero: Atracción de ya convertidos en lugar de conversiones. En América Latina el énfasis en los buscadores sensibles perdió su enfoque con el tiempo, pues empezaron a atraer a más convertidos heridos y decepcionados de otras iglesias. Perdieron tal enfoque cuando dejaron de inculcar entre sus miembros el modelo de un evangelismo por atracción (invitar gente a la iglesia). Pues al invitarles, nadie les mostraba interés, no se les hacía un seguimiento, ni se hacían cargo de sus necesidades pastorales. Con el tiempo la cantidad de visitantes mermó, y la congregación se tornó más exclusiva que inclusiva.
  2. Segundo: el cuidado pastoral se convirtió en algo escaso. Algunas megaiglesias no desarrollaron un ministerio enfocado en grupos pequeños. ¿Cómo se puede atender las necesidades pastorales de miles de personas? Al menos en grupos pequeños se puede brindar cuidado. Sin embargo, al prestarse más atención a las actividades masivas que a los grupos pequeños, estas iglesias empezaron a declinar más rápidamente. Se les olvidó que una iglesia grande crece siendo pequeña. Mientras me pregunto: ¿quién cerrará la puerta trasera? Otras iglesias han adaptado modelos abusivos como los modelos de los 12, G12, G8, o el de la visiónPiden total lealtad, compromiso y entrega, y se llega a sacrificar a la familia, el empleo, y la salud de las personas. En algunas de estas iglesias se solicita que todo aquel y toda aquella que sea parte del proceso, firme un «contrato de la corporación celestial», donde la persona se somete a una total obediencia al pastor-apóstol mediante una alianza espiritual. ¡Y qué hay de Cristo?Abusos espirituales y de poder se cometen con estos modelos, todo por el crecimiento de la iglesia, pero no del Reino.
  3. Tercero: se contrata a los pastores para que se hagan cargo de los programas y no para brindar cuidado a personas. ¡Terrible error! La iglesia se trata de gente, no de unos programas. Por un lado, hay que tener claro que el pastorado es un don espiritual no un título: los pastores brindan cuidado pastoral. Por otro lado, los voluntarios recargados de trabajo sufrían agotamiento. No tenían un pastor que les mostrara cuidado, ni responsabilidad. Debían esperar cita de hasta dos meses para reunirse con alguno de sus pastores. Por último, los pastores generales ( e., celebridades, pastores carismáticos, ceos, [chief executive officers, ‘directores ejecutivos’]) encontraron que la gente los seguía a ellos, pero no a Cristo. ¿Quién predica este domingo? Al mermar la aparición de personalidades que manejaban el espectáculo, disminuyó la asistencia a los cultos.
  4. Cuarto: los largos mensajes o conferencias (pues no se usa más la palabra sermón) han sido el plato fuerte de las megaiglesias, y pronto empezaron a encontrar sus limitaciones. Tales mensajes son de corte sicologista ―se basan en la sicología popular en lugar de las Escrituras― y llegan a sacrificar el texto bíblico. Es decir, tales conferenciantes pasaban más tiempo leyendo libros de sicología popular que practicando una buena exégesis del texto bíblico. Este énfasis llegó a impactar con el tiempo en la pobre capacitación bíblica de sus miembros. Incluso en algunas de las megaiglesias la lectura bíblica desapareció de su liturgia o servicio. La gente llegó a saber más de pobre sicología aplicada que de principios bíblicos para su vida cristiana. La enseñanza bíblica es pobrísima.
  5. Quinto: su amplio real state (el mantenimiento o costo de sus propiedades) llegó a matarlas financieramente. Algunas de estas megaiglesias, al no requerir a sus miembros, provocaron que muchos de ellos nunca se comprometieran con sus diezmos y ofrendas. Tal vez el 20 % de los asistentes servían en ministerios y sostenían las finanzas de la iglesia. Los demás parecían ser visitantes recurrentes sin ningún compromiso. Eran como nómadas que cada domingo rotaban de megaiglesia en megaiglesia. Nuevos creyentes: ¿quién se comprometería en una iglesia donde a nadie le importa si yo existo? Los grandes edificios e instalaciones se convirtieron en algo difícil de mantener. ¡Cayeron en un círculo vicioso! No se pueden contratar más pastores para atender a los no atendidos (el 80 % de los asistentes) pues las instalaciones, y los altos salarios de las celebridades y otro personal se tragaban lo que el 20 % de sus asistentes donaban. Eso motivó a que la iglesia empezara a ser administrada como una empresa en vez de ser un instrumento para el Reino. Cada vez la estructura empezó a perpetuarse en sí misma, y a darse menos enfoque misional como en el evangelismo y el discipulado.
  6. Sexto: Al carecer la megaiglesia de una doctrina protestante (histórica) particular, todos eran bienvenidos a creer lo que quisieran creer. Por tanto, nadie sabía en qué se creía, ni en qué se debía creer, y, entre estos, los mismos pastores. Esto se agudizaba en aquellas iglesias donde sus pastores carecían de una formación teológica sólida, que son la mayoría. Y al atraer estas iglesias a personas de otras iglesias, se empezaron a generar diferencias que impidieron mantener la tolerancia. Se convirtió en imperativo consolidar una doctrina, y aquellas iglesias que lo hicieron debieron decir  a ciertos criterios y no a otros. Al producirse esta consolidación doctrinal sus miembros disminuyeron por diferencias irreconciliablesLa razón de todo esto es que la sicología popular es el plato más sencillo de preparar en sus predicaciones.
  7. Séptimo: El mercadeo se convirtió en la herramienta más importante para diseñar su modelo. Al preguntarle a la gente de clase media sobre el tipo de iglesia, programas y actividades que desearían, se generó la megaiglesia. De esta manera vale la pena aseverar que la megaiglesia es producto delmarketing, nunca de la misión de Dios. La iglesia respondió a las inquietudes del mercado, y con tal de satisfacer ese mercado sacrificó la identidad transformadora del Evangelio. ¿Qué hay de la misión de Dios? La iglesia es la agente del Reino en el mundo, no el teatro de doctrinas escogidas para no ofender a nadie. Al valorarse las expectativas de los buscadores por encima de la ética bíblica, la comunidad se convierte en una masa estadio de individuos que demandan un buen espectáculo religioso, pero sin el más mínimo interés de crecer y servir en un mundo quebrantado que necesita de Cristo (pues así fue como aprendieron el significado de la vida cristiana).
  8. Octavo: Decisiones tomadas por una pequeña cúpula de poder. A los pastores generales de las megaiglesias les gusta hablar de trabajo en equipo. Sin embargo, cuando el pastor y su esposa son los pastores generales, las decisiones se toman en la alcoba y no con los otros pastores. Aún peor, sus equipos lo componen sus clones. Líderes que ellos mismos han domesticado, y que fueron contratados por confianza y no por su currículum y capacidad profesional. Ninguno de estos líderes contratados tiene el valor de contradecir al pastor general, pues es un equipo jerárquico, y no democrático. ¿Es eso trabajo en equipo? ¿Quién contrata y despide a los pastores en las megaiglesias? El trabajo en equipo requiere de una organización plana, nunca jerárquica.
  9. Noveno: Poco énfasis en misiones transculturales. A pesar de ser iglesias con cierta pasión por afectar a la sociedad con el Evangelio, su apoyo a las misiones o ministerios transculturales es mínimo. Su enfoque no está allá, sino aquí. Toda la energía está enfocada en el espectáculo del domingo. El presupuesto habla por sí solo. Es increíble notar el presupuesto operativo de estas iglesias, en comparación con el presupuesto que brindan a los misioneros, y a los programas sociales. El hecho de estar gorditos no significa que estemos sanos.
  10. El décimo y último aspecto es ese fuerte énfasis teológico en la prosperidad en algunas de las megaiglesias, sobre todo de cortes neopentecostales. ¡La teología eje de estas iglesias es la prosperidad! Si uno prospera es señal de su fidelidad hacia Dios y de que ha recibido su bendición. Prometen a todos poder prosperar si siembran con fe. Sin embargo, es interesante que algunas de estas iglesias explican (no muy abiertamente) que los que reciben tal promesa de prosperidad necesitan de ciertos requisitos espirituales y morales cercanos a la descripción éticoespiritual de San Francisco de Asís. En otras palabras, yo puedo sembrar todo lo que pueda, pero si no prospero es por algún pecadillo que he cometido en mi vida (pecado aun de omisión que la misma persona pueda ignorar). ¡La cosa es que no hay forma de perder ni ganar en este negocio de argumentos en cuanto a la siembra y la cosecha!

Conclusión.

Aunque hay algunas cosas positivas que se podrían señalar de las mega iglesias, el peligro es grande a menos que se corrijan estos puntos. ¿Están sus pastores dispuestos a escuchar y querer corregir estas deficiencias para fortalecer su iglesia al servicio del Reino?

Articulo adaptado de: Osías Segura Guzmán, Riquezas, templos, apóstoles y superapóstoles: Respondiendo desde una mayordomía cristiana(Viladecavalls, Barcelona: Editorial CLIE, 2012), 229-234.

 

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